Artículos de Historia

El primer mitin de los carlistas terminó a tiros

Joxemi Saizar

Sucedió hace 25 años, el 3 de octubre de 1976. se celebraba el primer mitin del Partido Carlista, después de cuarenta años, en el frontón Beotibar de Tolosa, y tras sacar la pistola un ultraderechista, la policía nacional entró a tiros al recinto.

En julio se había celebrado un mitin unitario, de varios partidos: P.N.V., .P.S.O.E., P.C.E. y E.K.A. (Euskal Herriko Karlista Alderdia) en el frontón Anoeta de San Sebastián. Ese día se celebró el primer mitin de un partido político en solitario con el fin de presentar su programa político. Para ello se obtuvo  el permiso del gobierno Civil. Se colocaron miles de carteles con los colores de la ikurriña por las calles de Euskal Herria anunciando a los oradores; Epifanio Larrañaga de Azpeitia, Gabriel Zubiaga de Donostia (procurador en Cortes), Luis Uruñuela de Bilbao, Tomás Zabala de Tolosa y Mariano Zufía de Pamplona.

“La brisa de Montejurra” y “La muerte de don Francisco Javier de Borbón Parma” (1977)

Peru Erroteta, Triunfo, nº 746, 14/05/1977, pp. 14-15.

“Euskadi, la brisa de Montejurra” y “La muerte de don Francisco Javier de Borbón Parma” (1977)

Aparece también otro argumento más en la prohibición del Montejurra, que parece encajar con las desautorizaciones del Aberri Eguna y del Primero de Mayo. Sumergidos ya en la lista electoral, no parece resultar muy confortable para el Gobierno y para la vocación de futuro de algunos de sus integrantes cualquier acto político de la oposición susceptible de aportar dividendos a las urnas. Ya se dijo que aun a costa de perder imagen democrática, el Gobierno optó por la prohibición del Aberri Eguna ante la no descabellada posibilidad de que hubiera podido transformarse en un plebiscito por la autonomía de Euskadi. Algo parecido ocurrió con el Primero de Mayo, que de haberse celebrado libremente hubiera puesto de manifiesto el protagonismo de los trabajadores en el cambio político. Y en el caso de Montejurra, de no haber mediado la prohibición, podría haberse quebrado la línea divisoria entre partidos legales e ilegales y, en el fondo, la constatación de una realidad discriminatoria.

Los carlistas en la guerra de España: El Decreto de Unificación de 1937 (1978)

Josep Carles Clemente, Tiempo de Historia, nº 39, 01/02/1978, pp. 4-12.

Los carlistas en la guerra de España: El (Decreto de Unificación) de 1937 (1978)

El 12 de octubre, «Festividad de la Raza», instituida mediante decreto por los franquistas, se suceden en todo el territorio dominado por Franco diversas manifestaciones antifranquistas protagonizadas y organizadas por la A.E.T. (Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas). Se suceden detenciones en masa en Burgos, San Sebastián, Vitoria y Pamplona.

Estos mismos estudiantes carlistas serían los que, en el año 1941 , intentaron organizar el envío de una Compañía de voluntarios a luchar al lado de los aliados en la II Guerra Mundial, para contrarrestar así los efectos propagandísticos de la División Azul. No lograron sus proyectos, siendo detenidos todos los miembros del Comité organizador y encerrados en prisión.

Orígenes e historia de E.K.A.

Los orígenes de E.K.A. nos imponen remontarnos en la historia hasta los tiempos en que el Reyno de Navarra aglutinaba de una u otra manera a la totalidad de los territorios históricos e incluso lo que luego fueron otros Reinos de las Españas. Y de una u otra manera se fueron desgajando, y el último zarpazo el de la sexta Merindad, para los navarros la entrañable Merindad de Ultrapuertos.

En la conciencia colectiva del pueblo navarro, quedó ese dolor de la separación, que fue acrecentándose con el tiempo al ir vertiendo aceite hirviendo sobre las viejas heridas.

La conquista del Reyno de Navarra por la parte de la Sakana la hizo el Duque de Alba, pero en su ejercito figuraban básicamente alaveses, vizcaínos y guipuzcoanos, y por la parte de Tudela, última ciudad de Navarra en rendirse al Rey de Aragón, Fernando el Católico, aun cuando luego éste cediera sus pretendidos derechos, a la corona de Castilla.

Más tarde, quien defendía la fortaleza de Pamplona para el Rey de Castilla, frente a los navarros que pretendían conquistarla, fue Iñigo de Loyola, hoy patrón de los tres territorios históricos.

Apuntes sobre la evolución histórica del Partido Carlista

El Partido Carlista (PC) es el resultado de un fenómeno político original de neta base popular. El Carlismo nace en 1833 con ocasión de una disputa dinástica que será la excusa para encender el polvorín de la España decimonónica, una sociedad desgarrada por la crisis de un Antiguo Régimen insostenible. Ante esta crisis como en el resto de Europa se inicio en España un proceso de revolución burguesa liberal, ante el cual la sociedad española se dividirá en grupos socio-políticos con intereses fuertemente enfrentados, siendo el apoyo a una u otra candidatura dinástica el pretexto para enzarzarse en tres guerras civiles y numerosos levantamientos.

El bando llamado primero “isabelino”, y después “alfonsino” se caracterizara por la defensa una revolución liberal pactada entre la vieja oligarquía feudal y la ascendente burguesía, en la cual no se produce una sustitución de la vieja clase dirigente sino su fusión con la nueva burguesía. En esta revolución los grandes perdedores serán las clases populares: el campesinado, que será privado de las propiedades comunales de la tierra; y el artesanado que verá abolido el sistema gremial. Serán estas clases sociales los que formaran junto con aquel sector de la vieja oligarquía que no acepta el cambio, el bando contrarrevolucionario, a cuya cabeza se situó la dinastía “carlista”.

La estafa de los vencedores

Del libro EL CARLISMO Y LAS AUTONOMIAS REGIONALES de Evaristo Olcina

En la primera guerra, las intrigas, que desembocaron en el Convenio de Vergara, fueron dirigidas fundamentalmente a persuadir a los combatientes de que sus respectivos fueros serían respetados si deponían cuanto antes las armas, mientras que los pondrían en peligro si, por el contrario, prolongaban la lucha. La maniobra iba dirigida de manera especial al elemento popular carlista. Al militar de graduación, se la aseguró que grados, condecoraciones y honores le serían respetados, y parece que eso les bastó para allanarse. A nosotros ahora sólo nos interesan las promesas forales hechas al pueblo, y cómo fueron cumplidas por los vencedores. Esto es lo que vamos a estudiar a continuación, tanto en lo que atañe a ña contienda primera como a la del 72-76, porque las dos tuvieron desenlaces paralelos y consecuencias idénticas.

“PAZ Y FUEROS”.

Parece ser que las maniobras para lograr el desfonde del campo carlista se iniciaron, en la primera guerra, en el año 1.835, concretamente el 18 de febrero, cuando se presento en Madrid el escribano José Antonio Muñagorri (liberal y centralista antepasado de la familia Caro Baroja) con la propuesta de iniciar una contraofensiva foral, que habría de partir de los propios vascos, y que tendría como objetivo primordial crear un estado de desconfianza entre los combatientes en cuanto a los objetivos por los que luchaban. El proyecto no se materializó, sin embargo, hasta 1.838, cuando se alzó con unos 300 hombres al grito de “PAZ Y FUEROS”. Alzamiento que, como era de esperar no tuvo éxito alguno, pero que sembró una cierta inquietud entre los voluntarios vascos, cansados de la ya excesivamente larga guerra. Sin ninguna duda, el famoso liberal-fuerismo de los Baroja está originado en un intento de justificación vasquista de un antepasado liberal-burgues-mercantilista.

Carlismo y lucha antifranquista: el Aberri Eguna de 1976

Extracto del libro de Francisco Letamendía
Breve historia de Euskadi

<< (...)La muerte de Berazadi condiciona también el desarrollo del Aberri Eguna, que se había convocado este año, el 1976, en Iruña (Pamplona). La derecha vasca y la llamada izquierda estatalista, temerosos de la represión que sobre ellos podía caer, encuentran en aquel hecho el pretexto ideal para su claudicación. El gobierno vasco -es decir el PNV y el PSOE- anuncia su inasistencia en una nota hecha pública el 13 de abril en base a «la grave tensión creada por los incidentes de todo género que se suceden desde hace varias semanas»; la Asamblea Democrática, ni que decir tiene, se suma al boicot. Por el contrario, la izquierda abertzale en su conjunto -ETA (m y pm), EHAS, LAIA, LAB-, junto con MC, LCR, ORT y el Partido Carlista, mantiene la convocatoria.

Todo está preparado para que se desate sobre ellos la más intensa represión. El día del Aberri Eguna, las carreteras que conducen a Pamplona y aun las que unen los barrios con el centro aparecen abarrotadas de vehículos de la Policía Armada, y las calles de la capital erizadas de las metralletas de aquéllos. Aun así, y pese a los rigurosísimos controles, se producen conatos de manifestaciones y asaltos, que atraen sobre ellos cargas policiales y nubes de pelotas de goma. La víspera, en un enfrentamiento con la Guardia civil, había muerto Imanol Garmendia.