Bienvenido a la web del Partido Carlista de Euskal Herria-E.K.A.

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“Carlistas con banderas” en Etxarri-Aranatz. Las impresiones del voluntario inglés Frederick Henningsen. (II de II)

Raul Guillermo ROSAS VON RITTERSTEIN

Tras la derrota de los carlistas en Larraga, que les llevó a retirarse a Ziraurki y Mañeru, las fuerzas de Mina de guarnición en Pamplona aprovecharon para acudir en socorro de sus compañeros sitiados en Elizondo en el Baztán. Sabedor de esa intención, Zumalakarregi merced a esos rápidos desplazamientos que le hicieran famoso, se transladó al valle de Ollo mientras Mina ascendía por la cuenca del Ulzama hasta Elizaburu1, sitio a partir del cual el constante hostigamiento sufrido por parte de las tropas de don Carlos le llevaría finalmente, tras los combates en la zona por Illarregi y Larrainzar, a retirarse hacia el Baztán por Legasa y Gaztelu. Las bajas sufridas por los cristinos proveyeron a los carlistas de la oportunidad que necesitaban para poner sitio a Etxarri-Aranatz con la seguridad de tener las espaldas cubiertas por un tiempo con respecto a las salidas de la guarnición de Iruñea y a un posible retorno de los aventurados en el Baztán.

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“Carlistas con banderas” en Etxarri-Aranatz. Las impresiones del voluntario inglés Frederick Henningsen (I de II)

Raul Guillermo ROSAS VON RITTERSTEIN

A mis antepasados de Etxarri, que en sus tiempos cantaron con honor el Oriamendi, y a todos los caídos de ambos bandos por causa de promesas vanas y malentendidos.
“Stand afresh, to cut from nations hearts their pound of flesh!”1

Estos versos de Byron son prácticamente la dedicatoria que hace Henningsen a quienes considera los verdaderos causantes de las guerras europeas de sus tiempos en general y particularmente de aquella en la que participó como voluntario, la Primera Carlista.

La especial personalidad de este testigo participante, nacido en Inglaterra en 1815, cuando el país era conmovido por los ecos de los cañones de Waterloo, le llevó a una larga vida aventurera, terminada como general y héroe nacional de los EEUU, vida de la cual sería dura inauguración2, a la edad de 19 años, la Guerra Carlista de los Siete Años, en la que revistó bajo la conducción del famoso Tomás Zumalakarregi, el “tío Tomás”3. El sin duda profundo desprecio que anidaba en el corazón de Henningsen ante los desarrollos reaccionarios de la Europa post-napoleónica, para describir a los cuales utiliza los duros versos byronianos de “The Age of Bronze”, le llevaría a enrolarse en variadas aventuras, por la libertad y de las otras, en diferentes sitios de Europa primero, luego de América. El carácter arrojado, evidenciado a lo largo de toda su vida, matizado además con muy marcados rasgos de romanticismo, precisamente à la Byron, no en vano tomaría sus versos para encabezar esas memorias de la campaña carlista que tituló “Twelve Months Campaign with Zumalacarregui”4, fue una constante de la vida de Charles Frederick Henningsen.

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1.840. Tras la Primera Guerra:

Raúl Guillermo Rosas von Ritterstein

Las paradojas de la emigración vasca al Río de la Plata.

Quien quiera leer falsedades

y acostumbrarse a mentir;

el que quisiere vivir

de un tejido de maldades

y en religión ser ateo,

vaya hoy a Montevideo

[…]

Quien quiera hablar en francés,

en catalán, vascongado,

todo idioma arrevesado,

y que no sepa quien es,

y hallarse en un entremés

o en un extraño museo,

vaya hoy a Montevideo.”

Estas coplas son las iniciales y finales de una canción bastante más larga, publicada en Buenos Aires durante los primeros días de 1.840 bajo el título “Quien quiera leer falsedades”. Dada la situación política en ambas orillas del Plata por aquellos tiempos, pronto se volvería parte del folklore y es de ese modo que ha llegado hasta nosotros, recopilaciones mediante.

Más allá de la peculiar consideración del autor con respecto a los idiomas que cita -es muy posible por lo demás que en su concepción y dadas las características sintácticas, el “arrevesado” cuadrara específicamente a uno, no es necesario decir cuál-, y de la significatividad de los mismos en su relación con lo que venía sucediendo por ese momento en España y Francia, la descripción de la ciudad capital del Uruguay en aquellos días es bastante sugestiva. Más si tenemos en cuenta que hacia ella se dirigía la emigración carlista.

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