“Montejurra 76”, por José Lázaro Ibáñez. Iruñea-Pamplona

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“NAVARRA A TRAVÉS DE DOCUMENTOS CLANDESTINOS: 1940 -1980” es el título de una exposición del 9-IX al 9-XII de 2017, organizada en el Civivox Condestable de Pamplona/Iruñea por Orreaga Fundazioa que invitó al Partido Carlista a participar en la misma a través de documentos que pudiese aportar, y de una charla aclaratoria de los llamados “Sucesos de  MONTEJURRA´76” a cargo del Secretario General del Partido Carlista en Navarra, José Lázaro Ibáñez Compains, testigo directo, el 30-XI-2017.

Bajo la guía del historiador José Luis Díaz se desarrolló el acto que consistió en la proyección del reportaje que de aquellos “sucesos” realizó en su día Antena 3 pero que no pudo emitir por prohibición gubernativa y en el que aparecen los compañeros Marcelo Aldaz, José Carlos Clemente, José Ángel Pérez-Nievas, Joaquín Cubero, y otros, dando testimonio de lo ocurrido aquel triste 9 de mayo de 1976, en el entorno de Montejurra, el día de la fiesta del Partido Carlista.

Asistieron unas 100 personas que después de oír al José Lázaro le hicieron unas 15 preguntas a las que nuestro compañero dio cumplida respuesta, anécdotas incluidas, como la del compañero Domingo Ancín, que, menospreciando las amenazas de muerte de los asesinos fascistas, subió hasta la gruta del “Cristo negro”, como hacía todos los años, a rezar.

Esta es su intervención:                                                  Arratsalde on, buenas tardes.

El Carlismo, según se puede ver a lo largo de su historia, ha sido un movimiento muy incómodo para el Sistema dominante del momento.

Su encaje en el “juego político” escapa al funcionamiento clásico de los Partidos políticos porque es diferente y funciona de otra manera.

Para entender lo que pasó aquel 9 de mayo de 1976 en la fiesta anual del Partido Carlista en Montejurra es imprescindible echar una mirada al contexto histórico y social inmediatamente anterior,  y el papel que en el mismo desempeñó el Partido Carlista en la lucha contra la Dictadura franquista, y lograr, así, una visión más comprensiva del conjunto.

 Voy a dar unos datos históricos:

El “Decreto de unificación” franquista de abril de 1937 no fue aceptado por la dirección carlista, entonces “Comunión Tradicionalista”, lo que motivó la primera expulsión de España del Regente Don Javier , y el destierro  del delegado regio Fal Conde a Portugal, si no quería ser fusilado.

En 1968 la Dictadura franquista prohibió las conocidas como “Cortes transhumantes”, reuniones de los Procuradores carlistas en distintos lugares del Estado español con el fin de tener un contacto directo con los ciudadanos, porque “daban la imagen de reuniones de un partido político”, y en la Dictadura no existían, porque estaban prohibidos, los partidos políticos.

En el mismo año, en las fechas navideñas, en una Asamblea del Partido Carlista en el monasterio de Valvanera, en la Rioja, el Partido reconoció a La Rioja como una región autónoma, distinta de Castilla, lo que motivó la expulsión de la familia real del Estado español como preludio al nombramiento por el dictador Franco, al año siguiente,  de Juan Carlos de Borbón como su sucesor.

Ese mismo año se pudo ver, nacional e internacionalmente, cómo entendía el Carlismo la Solidaridad en la persona de la Princesa Cecilia atendiendo a los esqueléticos y moribundos niños que aparecían en las fotografías de aquella cruenta guerra de Biafra.

En Pamplona, el 3 de diciembre, después de la misa en la iglesia de San Cernin en honor de uno de los Patronos  de Navarra, y  en protesta por la antedicha expulsión de la familia real, se subió en una manifestación espontánea (igual nos llegamos a juntar 5.000 personas)  por la calle Carlos III hasta el Gobierno civil y se produjeron unos fuertes enfrentamientos con la policía, que, además del estreno del material antidisturbios, también utilizó las pistolas  de fuego real y en la que el que os habla fue detenido al día siguiente en el trabajo, así como varias decenas más de compañeros .

En 1969, en la fiesta anual del Partido Carlista en Montejurra, hubo graves incidentes en Estella, (hay que tener en cuenta que el año anterior la familia real había sido expulsada del Estado por orden gubernativa), se quemaron los retratos de Franco y de Juan Carlos, nombrado ese mismo año como su sucesor por el dictador Franco, calificándolos de “asesino”, “cabrón”, y “traidor”.  La Guardia Civil detuvo a algunos carlistas y todos los demás fuimos tras ellos, rodeamos el cuartel y ante el mensaje de que no abandonaríamos, los soltaron. También los “Guerrilleros de Cristo Rey” aparecieron por allí e hicieron alguna de sus cobardes fechorías.

Las concentraciones de gente en Montejurra, en esos años, eran muy numerosas, desde 50.000 hasta 100.000 asistentes, según qué fuentes y según los años. El Ejército, tanto en Estella como en Pamplona, estaba acuartelado en esas fechas y esos años.

En 1973 hubo una Huelga General en Navarra y en ella tuvo una participación muy activa la Federación Obrera  Sindical, FOS, organización promovida por el Partido Carlista, a través de la cual se hizo efectiva la solidaridad internacional de los sindicatos europeos, en forma de ayuda económica.

Los años siguientes, hasta el Montejurra´76, fueron de una activa e intensa actividad del Partido Carlista en todas las luchas contra la Dictadura, tanto en el Movimiento Obrero como en las Asociaciones de vecinos y Comités de barrios, además de facilitar sus Círculos y casas particulares para las reuniones clandestinas y guarda de diverso material de propaganda; sólo en Villava y Burlada, 10 locales.

 También dentro del Partido se dio esa intensa actividad con reuniones, asambleas territoriales y cursillos de formación política, tanto en el Estado como en Francia y Portugal, que impulsaban el compromiso humano y los deseos de acercar  la realidad social existente a la utopía de una sociedad más justa, más humana  y solidaria, lo cual llevó a “poner al día”, a actualizar el lenguaje tradicional del Carlismo para poder ser entendidos por los agentes sociales y políticos con los que nos relacionábamos y de los que éramos compañeros de viaje en la lucha contra la Dictadura; en el camino se quedaron compañeros que no alcanzaron a comprender que los tiempos eran otros diferentes a los de la guerra  y la inmediata postguerra y que el enemigo ya no era el mismo. En la realidad social y política del momento eran visibles las ansias de utopía, de cambio,  de solidaridad, de compañerismo, que nos impulsaban a la consecución de las libertades democráticas para todos lo cual hacía tambalearse al Sistema, a la Dictadura. Don Carlos Hugo, en esa época en París, tenía la agenda repleta y comprometida de reuniones con miembros de todas las organizaciones sociales y políticas que luchaban contra la Dictadura; se puede decir que había “cola” para estar con él. Esta evolución del Carlismo, impulsada y liderada por  Don Carlos Hugo, asustó a los beneficiados de la Dictadura y les llevó a planear cortarla de raíz.

La semana anterior al Montejurra´76 Pamplona fue manchada con pintadas realizadas desde coches de la policía amenazando de muerte a miembros del Partido Carlista-EKA, hubo muchas detenciones de compañeros, y un control absoluto de los lugares cercanos a Montejurra. En el hostal Irache estaban hospedados un numeroso grupo de mercenarios extranjeros que exhibían ostentosamente sus armas, a la vista de los otros clientes hospedados, y el Partido Carlista avisó al Gobierno civil, que se llamó andana; y es que la reserva de dichas habitaciones había sido realizada desde el mismo Gobierno civil de Navarra.

La víspera de la fiesta, el día 8 ese año, se solía subir hasta la ermita del Cristo Negro de Montejurra para acondicionarla para la misa del día siguiente; el grupo de jóvenes encargado de hacerlo fue detenido y estuvo en los calabozos de la Guardia Civil hasta la tarde-noche del día siguiente.

El Domingo 9 de mayo, hacia las 9´30 de la mañana, pudo verse en el aparcamiento del hostal Irache cómo se repartían armas que se sacaban de una camioneta, en presencia de la Guardia Civil. A continuación, unos 200 mercenarios salieron de allí, en formación militar y escoltando a Sixto de Borbón-Parma, hermano menor de Don Carlos Hugo, hacia el monasterio de Irache, lugar de concentración habitual de los carlistas para empezar la subida a la cumbre del monte hacia las 10 de la mañana. De las filas de los mercenarios se lanzaron piedras hacia los concentrados, y les atacaron con porras, cadenas y barras de hierro; los carlistas se repusieron de la sorpresa y les hicieron frente hasta hacer retroceder a los agresores, viendo con indignación cómo la Guardia Civil se interponía protegiendo la retirada. El comandante del ejército, retirado, José Luis Marín García-Verde, “el hombre de la gabardina” disparó a bocajarro e hirió mortalmente al compañero santanderino Aniano Jiménez; yo estaba a metro y medio. Nos abalanzamos hacia un jeep de la Guardia Civil para instarles a desarmar y detener a los agresores, pero el sargento al mando, desencajado y casi llorando, nos decía que tenían órdenes de no intervenir; no nos lo podíamos creer.

Se atendió a los heridos y comenzamos la subida al monte; a la altura de la central eléctrica fue descubierta una camioneta llena de periódicos “El Alcázar”, a los que se dio fuego (la camioneta se respetó). Continuó la ascensión y hacia la mitad del recorrido apareció Don Carlos Hugo con José Angel Pérez Nievas y fueron recibidos con mucho entusiasmo y al grito de “Carlos Hugo, libertad”. Luego, a la altura de la novena estación del Vía Crucis que jalona la senda que sube a la ermita, se oyó el tableteo y los silbidos de las balas de una ametralladora, que luego supimos que era un arma reglamentaria del ejército, y vimos cómo los miembros de la Cruz Roja bajaban malherido a Ricardo García Pellejero, que moriría allí mismo.

Estos trágicos sucesos no fueron algo aislado; anteriormente, el 3 de marzo, en Vitoria-Gazteiz se produjo el ataque de la policía contra una asamblea obrera en la iglesia de San Francisco con el resultado de 5 muertos por balas policiales y muchos heridos. Después, en 1978, el 8 de julio, el ataque policial en Pamplona a los asistentes a la corrida de toros, y los asesinatos de los abogados de la calle atocha de Madrid, en diciembre del mismo año. Para todo el que no sea ciego y lo quiera ver, eran los coletazos de lo que se llegó a conocer como “El búnker” contra todo el movimiento democrático que quería derribar la Dictadura y que cuestionaba la forma de gestionar el poder tanto político como económico y social.

Entre los mercenarios, luego supimos que había miembros de la triple A argentina, de Ordine nuovo italiano, de la PIDE portuguesa, de la antigua OAS francesa (al menos se contabilizaron 27 extranjeros),de Fuerza nueva y de la UNE española, Guerrilleros de Cristo Rey…, según las primeras investigaciones llevadas a cabo por el juez de Estella, al que se le quitó la competencia, que pasó al Tribunal de Orden Público, y de ser un delito “común”, los “sucesos de Montejurra”  ( de ”pelea entre hermanos” los calificaron Fraga y Osorio), pasaron  a ser delitos políticos amparados por la posterior Ley de Amnistía de diciembre de 1977.

¿Qué consecuencias tuvo para el Partido Carlista todo esto?:

Una primera consecuencia es que el Partido Carlista no pudo presentarse a las “primeras elecciones democráticas” de junio de 1977 con su nombre (tenía candidaturas preparadas y presentadas el 17 de marzo en 36 provincias), porque su legalización se retrasó hasta el 14 de julio, y eso lastró su futuro.

Ha habido también otras consecuencias que nos resultan más difíciles de entender; por ejemplo, el pasado 2016, con motivo del 40 aniversario de los asesinatos de Ricardo García Pellejero y de Aniano Jiménez Santos en aquel Montejurra´76,  el Ayuntamiento de Estella/Lizarra nos cedió una sala en la Casa de Cultura para montar una exposición sobre aquellos hechos, durante la  semana previa a la fiesta anual de Montejurra, pero para nuestra sorpresa e indignación desaparecieron de la misma unos carteles en los que aparecían las preguntas “¿Quién los armó?, ¿Por qué?, ¿Por qué no se legaliza el Partido Carlista ?, PSOE, P.Comunista, PNV,  ¿a  cambio de qué?”, lo que nos llevó a pensar que aún hoy hay miedo a la libertad.

Con el mismo motivo convocamos una concentración en el monolito a las víctimas del terrorismo sito en la plaza del Baluarte, el 9 de mayo de 2016, y allí la hoy portavoz del Gobierno de Navarra nos prometió el apoyo de su grupo, así como la anterior portavoz, para montar la exposición de Estella/Lizarra en el Parlamento de Navarra; hicimos la correspondiente solicitud pero la respuesta aún no ha llegado. También hay que decir que el Parlamento de Navarra se hizo eco ante el Congreso de los Diputados de Madrid de nuestra petición de desclasificación de la documentación que sobre los sucesos de Montejurrra haya en las instituciones oficiales.

También, con motivo de la “Ley de Memoria histórica” no se nos ha tenido en cuenta, tal vez porque íbamos a plantear que era una memoria de “corto plazo”, y que es necesario ampliar el plazo para llegar a una comprensión más equilibrada de los por qué y de las consecuencias que acarreó la incivil guerra de 1936-39.

Estas cosas nos han producido tristeza y dudas acerca de hasta dónde quieren, o pueden, llegar, algunos,   en la consecución de la LIBERTAD, con letras grandes, en abstracto y que no sirve para nada si no se concreta en la libertad con minúsculas, en las libertades  de información, expresión, reunión, publicación, participación y asociacionismo de  tipo   laboral, sindical, político, cultural…, libertades sociales y del día a día, ejercidas en un territorio determinado y no sólo en la casa particular, o en la peña de amigos.

En el monolito que se erigió en Irache en honor a los asesinados Ricardo y Aniano se une sus nombres al de la libertad, como luchadores y sembradores de la misma; el Partido Carlista sigue esa estela.

José Lázaro Ibáñez Compains.

Pamplona/Iruñea, 30 de noviembre de 2017

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