Bienvenido a la web del Partido Carlista de Euskal Herria-E.K.A.

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La estafa de los vencedores

Del libro EL CARLISMO Y LAS AUTONOMIAS REGIONALES de Evaristo Olcina

En la primera guerra, las intrigas, que desembocaron en el Convenio de Vergara, fueron dirigidas fundamentalmente a persuadir a los combatientes de que sus respectivos fueros serían respetados si deponían cuanto antes las armas, mientras que los pondrían en peligro si, por el contrario, prolongaban la lucha. La maniobra iba dirigida de manera especial al elemento popular carlista. Al militar de graduación, se la aseguró que grados, condecoraciones y honores le serían respetados, y parece que eso les bastó para allanarse. A nosotros ahora sólo nos interesan las promesas forales hechas al pueblo, y cómo fueron cumplidas por los vencedores. Esto es lo que vamos a estudiar a continuación, tanto en lo que atañe a ña contienda primera como a la del 72-76, porque las dos tuvieron desenlaces paralelos y consecuencias idénticas.

“PAZ Y FUEROS”.

Parece ser que las maniobras para lograr el desfonde del campo carlista se iniciaron, en la primera guerra, en el año 1.835, concretamente el 18 de febrero, cuando se presento en Madrid el escribano José Antonio Muñagorri (liberal y centralista antepasado de la familia Caro Baroja) con la propuesta de iniciar una contraofensiva foral, que habría de partir de los propios vascos, y que tendría como objetivo primordial crear un estado de desconfianza entre los combatientes en cuanto a los objetivos por los que luchaban. El proyecto no se materializó, sin embargo, hasta 1.838, cuando se alzó con unos 300 hombres al grito de “PAZ Y FUEROS”. Alzamiento que, como era de esperar no tuvo éxito alguno, pero que sembró una cierta inquietud entre los voluntarios vascos, cansados de la ya excesivamente larga guerra. Sin ninguna duda, el famoso liberal-fuerismo de los Baroja está originado en un intento de justificación vasquista de un antepasado liberal-burgues-mercantilista.

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Carlismo y lucha antifranquista: el Aberri Eguna de 1976

Extracto del libro de Francisco Letamendía
Breve historia de Euskadi

< < (...)La muerte de Berazadi condiciona también el desarrollo del Aberri Eguna, que se había convocado este año, el 1976, en Iruña (Pamplona). La derecha vasca y la llamada izquierda estatalista, temerosos de la represión que sobre ellos podía caer, encuentran en aquel hecho el pretexto ideal para su claudicación. El gobierno vasco -es decir el PNV y el PSOE- anuncia su inasistencia en una nota hecha pública el 13 de abril en base a «la grave tensión creada por los incidentes de todo género que se suceden desde hace varias semanas»; la Asamblea Democrática, ni que decir tiene, se suma al boicot. Por el contrario, la izquierda abertzale en su conjunto -ETA (m y pm), EHAS, LAIA, LAB-, junto con MC, LCR, ORT y el Partido Carlista, mantiene la convocatoria.

Todo está preparado para que se desate sobre ellos la más intensa represión. El día del Aberri Eguna, las carreteras que conducen a Pamplona y aun las que unen los barrios con el centro aparecen abarrotadas de vehículos de la Policía Armada, y las calles de la capital erizadas de las metralletas de aquéllos. Aun así, y pese a los rigurosísimos controles, se producen conatos de manifestaciones y asaltos, que atraen sobre ellos cargas policiales y nubes de pelotas de goma. La víspera, en un enfrentamiento con la Guardia civil, había muerto Imanol Garmendia.

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Carlismo siglo XIX

José-Angel Pérez-Nievas Abascal

Resulta difícil enfrentarse históricamente al carlismo, con un sano espíritu de saber o conocer la verdad de lo que fue un movimiento, para unos puramente reaccionario, para otros un verdadero movimiento popular, no siempre bien encauzado y muchas veces mal dirigido, que produjo   el pueblo, que lo había, sino iniciado, cuando menos sostenido y mantenido a lo largo de cuatro guerras, y largas y constantes luchas políticas  durante casi dos siglos.

No puede uno asomarse a la historia del carlismo, en general, a cualquier fenómeno histórico, con la perspectiva de las ideas de hoy, sino tratando de comprender la situación de los tiempos que se tratan de estudiar.

El carlismo, explota, por decirlo de alguna manera, en el año 1833, pero las cenizas de las que brotaron las llamas eran anteriores y coinciden con todo lo que supuso la Revolución Francesa y las convulsiones que trajo consigo. No fue, como algunos piensan la ejecución del Rey y la Reina de Francia, lo que produjo una gran conmoción pues más de un siglo antes, en Inglaterra, Cromwell había decapitado al Rey Carlos, y no se produjo por ese hecho, ninguna gran convulsión. Concretamente, hace poco se ha conmemorado, con una especial exposición pictórica en que se han expuesto obras que pertenecieron a ese rey decapitado y que Cromwell vendió en subasta, de la que se aprovecharon otros monarcas entre ellos Felipe IV de Castilla, y algunas de las cuales se conservan en el Museo del Prado. Algo parecido no  puede imaginarse en los tiempos de la revolución francesa.

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Nuestro compañero Mikel Totorika Izagirre

MIKEL TOTORIKA IZAGIRRE 1976-2006

 ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAÑERO!

JO TA KE IRABAZI ARTE!

El 10 de enero, cuando hacía una pintada por la Libertad de todos los presos políticos, Mitxel sintió “una cuchillada en el cerebro” según sus propias palabras. 9 días después moría, víctima del tercer derrame cerebral en poco más de una semana.

Su figura no podrá olvidársenos. Fue un luchador comprometido con su Pueblo, con el Pueblo Vasco, y con su clase, los trabajadores de todo el mundo. Y dedicó lo mejor de su vida a combatir por la liberación nacional de Euskadi, por el Socialismo y la Autogestión.

Los que le conocimos más de cerca, sus compañeros de Euskadiko Karlista Alderdia, creemos que puede ser un ejemplo para todos los jóvenes trabajadores vascos. Murió a los 19 años, miles de personas nos congregamos en su funeral, en un testimonio directo del afecto y el  agradecimiento que supo despertar en cuantos le conocieron. Mitxel marcó un camino: el compromiso, el sacrificio y la lucha. Todos lo tenemos abierto, todos debemos seguirlo.

(Publicado en “DENOK BATEAN”, portavoz de E.K.A, AÑO II, NÚM.3, 1 MARZO1976)

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El Partido Carlista. Oposición al Estado franquista y evolución ideológica (1968-1975)

Joaquín Cubero Sánchez

El 20 de diciembre de 1968 Franco expulsó del país a don Carlos de Borbón Parma, días más tarde haría lo mismo con su padre D. Javier y dos de sus hermanas. Los titulares de la dinastía carlista fueron acusados de extranjeros que se habían entrometido en la política española. En 1 936 cuando don Javier de Borbón Parma ordenó a los requetés que se unieran al movimiento militar contra la República nadie lo consideró extranjero. La razón que dio el gobierno al ser interpelado en las Cortes por los cuatro procuradores carlistas fue que don Javier y don Carlos presidieron un acto político en el monasterio de Valvanera en el que «incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público que rozaban facultades potestativas del Poder estatal».

El Carlismo respondió con responsabilidad a este acto dictatorial y denunció la provocación que suponía como una abierta incitación a una escalada de violencia, advirtiendo al gobierno que no confundiera la sensatez y la responsabilidad con la debilidad. Cerrada la vía legal que iniciara unos años antes el carlismo volvió a la ilegalidad. Pero en la oposición siempre estuvo, a pesar de los intentos fallidos de colaboracionismo por algunos de sus miembros que sucesivamente abandonarían el carlismo o serían expulsados del mismo.

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Fueron traicionados

Patxi Ventura

En una cosa, al menos, los carlistas tenían razón
Muy pronto van a ver la luz documentos hasta ahora desconocidos que demuestran cuánto y cómo pagó el gobierno de Cánovas del Castillo a sus jefes militares para acabar con la tercera guerra.

2 de abril de 2006. La primera guerra carlista (1833-1839) concluyó con el abrazo de Vergara entre el general cristino Baldomero Espartero y el general carlista Rafael Maroto. Los carlistas interpretaron este final como una traición de este último, tras una guerra que en algunos momentos, como cuando el general Tomás Zumalacárregui sitió Bilbao, o cuando el general Miguel Gómez cruzó España con su célebre expedición, pudieron llegar a ganar.

Esas traiciones se repitieron después durante la tercera guerra carlista (1872-1876), con el “raro” cambio de actitud del general Ramón Cabrera reconociendo como rey a Alfonso XII, o la “extraña” rendición del general Antonio Dorregaray, al mando de las tropas del centro.

Pues bien, según un artículo de Josep María Sòria en La Vanguardia, muy pronto van a aparecer documentos hasta ahora desconocidos que explicarán cómo y porqué sucedieron algunas de esas imprevistas entregas al enemigo. Según este revelador trabajo, “el Estado español de la primera Restauración pactó en 1875 con los últimos jefes carlistas el fin de la guerra a cambio de la garantía de preservar sus grados militares, de ofrecerles compensaciones monetarias” y de no someter su historial “a revisión alguna, ni a causa ni expediente de ninguna clase”.

“En aquella negociación secreta, que sale ahora a la luz pública, participaron tres catalanes, ilustres miembros del partido conservador y alfonsinos…. Este triángulo, por encargo de Cánovas del Castillo, estableció contacto con el jefe carlista Dorregaray para negociar la paz”… una paz que costó, al cambio de hoy, 59.000 euros. Los carlistas que partieron hacia el exilio tenían, pues, razón: no fueron sólo causas militares, sino también la venalidad personal de algunos de sus jefes, las que dieron la puntilla a su lucha por el rey Carlos VII.

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Un secreto de más de 130 años

Daniel Tercero

Ahora nos enteramos que el Gobierno de la Restauración de 1875 pactó con los últimos carlistas la rendición de éstos. Y también hemos sabido ahora, según publicó el pasado domingo un diario catalán, que los últimos líderes ‘rebeldes’ recibieron suculentas cantidades económicas por entregar las armas con las que combatían en la que se considera Tercera Guerra Carlista o Tercera Guerra Civil española del siglo XIX, entre 1872 y 1876.

Una serie de documentos que están a punto de salir a la luz –y que este pasado fin de semana se anunció su incorporación al Archivo Nacional de Cataluña (ANC)- demuestran que el Gobierno español pactó con los líderes carlistas de 1875 el fin de la guerra a cambio de preservar los grados militares, la seguridad de que no se abrirían expedientes disciplinarios a los jefes carlistas y compensaciones monetarias. Antonio Cánovas del Castillo presidía el Gobierno y el general Antonio Dorregaray estaba al frente del ejército carlista de la zona del Maestrazgo (zona centro).

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