¡RICARDO, ANIANO, NO OS OLVIDAMOS!

¡RICARDO, ANIANO, NO OS OLVIDAMOS!

Estatuto de Estella-Lizarra de 1931

El Estatuto Confederal de Estella para Euskal Herria en 1931, con amplia representación carlista en el seno de la llamada “Asamblea de Municipios Vascos de Estella” bajo una iniciativa conjunta y sin precedentes entre el Partido Carlista y los nacionalistas vascos a fin de encontrar la coexistencia bajo un marco confederal común y un Estado Vasco Cuatri provincial (en el que se propone sustituir el muy nacionalista término de Euzkadi, por el muy carlista de Euskalerria ) dentro de una España Confederal.  

Estatuto de Estella-Lizarra de 1931

Art 1. Se declara que el País Vasco, integrado por las actuales provincias de Alava, Gipuzkoa, Nabarra y Bizkaia, constituye una entidad natural y jurídica, con personalidad politica propia y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por si mismo, como estado autónomo dentro de la totalidad del Estado Español, con el que vivirá articulado conforme a las normas de la ley de relaciones, concertada en el presente estatuto .

Apuntes sobre la evolución histórica del Partido Carlista

El Partido Carlista (PC) es el resultado de un fenómeno político original de neta base popular. El Carlismo nace en 1833 con ocasión de una disputa dinástica que será la excusa para encender el polvorín de la España decimonónica, una sociedad desgarrada por la crisis de un Antiguo Régimen insostenible. Ante esta crisis como en el resto de Europa se inicio en España un proceso de revolución burguesa liberal, ante el cual la sociedad española se dividirá en grupos socio-políticos con intereses fuertemente enfrentados, siendo el apoyo a una u otra candidatura dinástica el pretexto para enzarzarse en tres guerras civiles y numerosos levantamientos.

El bando llamado primero “isabelino”, y después “alfonsino” se caracterizara por la defensa una revolución liberal pactada entre la vieja oligarquía feudal y la ascendente burguesía, en la cual no se produce una sustitución de la vieja clase dirigente sino su fusión con la nueva burguesía. En esta revolución los grandes perdedores serán las clases populares: el campesinado, que será privado de las propiedades comunales de la tierra; y el artesanado que verá abolido el sistema gremial. Serán estas clases sociales los que formaran junto con aquel sector de la vieja oligarquía que no acepta el cambio, el bando contrarrevolucionario, a cuya cabeza se situó la dinastía “carlista”.

La estafa de los vencedores

Del libro EL CARLISMO Y LAS AUTONOMIAS REGIONALES de Evaristo Olcina

En la primera guerra, las intrigas, que desembocaron en el Convenio de Vergara, fueron dirigidas fundamentalmente a persuadir a los combatientes de que sus respectivos fueros serían respetados si deponían cuanto antes las armas, mientras que los pondrían en peligro si, por el contrario, prolongaban la lucha. La maniobra iba dirigida de manera especial al elemento popular carlista. Al militar de graduación, se la aseguró que grados, condecoraciones y honores le serían respetados, y parece que eso les bastó para allanarse. A nosotros ahora sólo nos interesan las promesas forales hechas al pueblo, y cómo fueron cumplidas por los vencedores. Esto es lo que vamos a estudiar a continuación, tanto en lo que atañe a ña contienda primera como a la del 72-76, porque las dos tuvieron desenlaces paralelos y consecuencias idénticas.

“PAZ Y FUEROS”.

Parece ser que las maniobras para lograr el desfonde del campo carlista se iniciaron, en la primera guerra, en el año 1.835, concretamente el 18 de febrero, cuando se presento en Madrid el escribano José Antonio Muñagorri (liberal y centralista antepasado de la familia Caro Baroja) con la propuesta de iniciar una contraofensiva foral, que habría de partir de los propios vascos, y que tendría como objetivo primordial crear un estado de desconfianza entre los combatientes en cuanto a los objetivos por los que luchaban. El proyecto no se materializó, sin embargo, hasta 1.838, cuando se alzó con unos 300 hombres al grito de “PAZ Y FUEROS”. Alzamiento que, como era de esperar no tuvo éxito alguno, pero que sembró una cierta inquietud entre los voluntarios vascos, cansados de la ya excesivamente larga guerra. Sin ninguna duda, el famoso liberal-fuerismo de los Baroja está originado en un intento de justificación vasquista de un antepasado liberal-burgues-mercantilista.

“El Pensamiento Navarro” y el Partido Carlista (1897-1930)

Artículo de Javier Cubero publicado en El Federal, nº 57, Secretaría Federal de Medios de Comunicación del Partido Carlista, Marzo de 2016, p. 4.

El periódico más longevo del Partido Carlista a lo largo del tiempo fue sin duda el diario El Pensamiento Navarro, que durante muchos años funcionó como portavoz de la Junta Regional de Navarra, por lo que constituye una fuente imprescindible para conocer la evolución histórica del carlismo. Inició su impresión el 17 de octubre de 1897, y desde el primer número manifestó su adhesión a la Causa legitimista, definiéndose sus redactores como:

«Defensores del sacrosanto lema de Dios, Fueros, Patria y Rey; no solamente sostendremos con tesón las doctrinas que en esas palabras se encierran, sino que combatiremos a todo aquello que no sea perfectamente ortodoxo en materia religiosa, monárquico-tradicional, en política y foral, en todo régimen de gobierno».

Los capitalistas de Navarra (1915)

Artículo publicado en el semanario carlista navarro Akelarre (03/04/1915), muy crítico con Diario de Navarra, al que considera portavoz de la oligarquía local.

Parece que al encabezar un artículo con el título del actual, tiene necesariamente que ser un bombo para los expléndidos capitalistas navarros, siguiendo la costumbre de la prensa pamplonesa; pero como todas las reglas tienen sus excepciones, una de ellas es Akelarre, que solamente trata las cuestiones con arreglo a la más extricta justicia, basándose siempre en la realidad de los hechos.

Estos nos lo dicen bien a las claras, que los capitalistas navarros (salvo raras excepciones), solo viven para aumentar más y más sus capitales, zafándose bonitamente de las cargas provinciales y municipales, y explotando al obrero y al pequeño propietario.

Carlismo y lucha antifranquista: el Aberri Eguna de 1976

Extracto del libro de Francisco Letamendía
Breve historia de Euskadi

<< (...)La muerte de Berazadi condiciona también el desarrollo del Aberri Eguna, que se había convocado este año, el 1976, en Iruña (Pamplona). La derecha vasca y la llamada izquierda estatalista, temerosos de la represión que sobre ellos podía caer, encuentran en aquel hecho el pretexto ideal para su claudicación. El gobierno vasco -es decir el PNV y el PSOE- anuncia su inasistencia en una nota hecha pública el 13 de abril en base a «la grave tensión creada por los incidentes de todo género que se suceden desde hace varias semanas»; la Asamblea Democrática, ni que decir tiene, se suma al boicot. Por el contrario, la izquierda abertzale en su conjunto -ETA (m y pm), EHAS, LAIA, LAB-, junto con MC, LCR, ORT y el Partido Carlista, mantiene la convocatoria.

Todo está preparado para que se desate sobre ellos la más intensa represión. El día del Aberri Eguna, las carreteras que conducen a Pamplona y aun las que unen los barrios con el centro aparecen abarrotadas de vehículos de la Policía Armada, y las calles de la capital erizadas de las metralletas de aquéllos. Aun así, y pese a los rigurosísimos controles, se producen conatos de manifestaciones y asaltos, que atraen sobre ellos cargas policiales y nubes de pelotas de goma. La víspera, en un enfrentamiento con la Guardia civil, había muerto Imanol Garmendia.

Carlismo siglo XIX

José-Angel Pérez-Nievas Abascal

Resulta difícil enfrentarse históricamente al carlismo, con un sano espíritu de saber o conocer la verdad de lo que fue un movimiento, para unos puramente reaccionario, para otros un verdadero movimiento popular, no siempre bien encauzado y muchas veces mal dirigido, que produjo   el pueblo, que lo había, sino iniciado, cuando menos sostenido y mantenido a lo largo de cuatro guerras, y largas y constantes luchas políticas  durante casi dos siglos.

No puede uno asomarse a la historia del carlismo, en general, a cualquier fenómeno histórico, con la perspectiva de las ideas de hoy, sino tratando de comprender la situación de los tiempos que se tratan de estudiar.

El carlismo, explota, por decirlo de alguna manera, en el año 1833, pero las cenizas de las que brotaron las llamas eran anteriores y coinciden con todo lo que supuso la Revolución Francesa y las convulsiones que trajo consigo. No fue, como algunos piensan la ejecución del Rey y la Reina de Francia, lo que produjo una gran conmoción pues más de un siglo antes, en Inglaterra, Cromwell había decapitado al Rey Carlos, y no se produjo por ese hecho, ninguna gran convulsión. Concretamente, hace poco se ha conmemorado, con una especial exposición pictórica en que se han expuesto obras que pertenecieron a ese rey decapitado y que Cromwell vendió en subasta, de la que se aprovecharon otros monarcas entre ellos Felipe IV de Castilla, y algunas de las cuales se conservan en el Museo del Prado. Algo parecido no  puede imaginarse en los tiempos de la revolución francesa.