Artículos de opinión

Con ETA esto pasaba, pero no trascendía

Artículo de Patxi Ventura publicado en www.noticiasdenavarra.com 07/05/2017

Y la defensa de la fortaleza del Estado frente al terrorismo se imponía a cualquier denuncia contra la corrupción generalizada que pudiera debilitarlo, por muy flagrante que fuera; parece que algunos no lo han olvidado y ése podría ser el motivo por el que aún no se ha dado el mínimo paso para consolidar definitivamente el cese de la violencia decretado unilateral e incondicionalmente por parte de la organización terrorista ETA. (Se asegura que por debilidad, pero si no obtuvo ninguna retribución demostraría una voluntad real y desinteresada al hacerlo sin que nadie se lo exigiera).

Todos sabemos que siguen quedando demasiados (por distintos motivos), que en una parte y otra siguen interesados en que la paz no se consolide y adoptan posturas retadoras y soberbias para zaherir a sus oponentes y que se mantenga la tensión y el odio que impidan la solución y conciliación democrática, y no están dispuestos a que ante el consistente cambio de situación se cambie también la aplicación de la legislación y los tribunales excepcionales creados para aquellas situaciones terroristas, como indica el sentido común y como se ha venido haciendo en todas las situaciones similares que se han venido dando a nivel internacional.

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Fueron traicionados

Patxi Ventura

En una cosa, al menos, los carlistas tenían razón
Muy pronto van a ver la luz documentos hasta ahora desconocidos que demuestran cuánto y cómo pagó el gobierno de Cánovas del Castillo a sus jefes militares para acabar con la tercera guerra.

2 de abril de 2006. La primera guerra carlista (1833-1839) concluyó con el abrazo de Vergara entre el general cristino Baldomero Espartero y el general carlista Rafael Maroto. Los carlistas interpretaron este final como una traición de este último, tras una guerra que en algunos momentos, como cuando el general Tomás Zumalacárregui sitió Bilbao, o cuando el general Miguel Gómez cruzó España con su célebre expedición, pudieron llegar a ganar.

Esas traiciones se repitieron después durante la tercera guerra carlista (1872-1876), con el “raro” cambio de actitud del general Ramón Cabrera reconociendo como rey a Alfonso XII, o la “extraña” rendición del general Antonio Dorregaray, al mando de las tropas del centro.

Pues bien, según un artículo de Josep María Sòria en La Vanguardia, muy pronto van a aparecer documentos hasta ahora desconocidos que explicarán cómo y porqué sucedieron algunas de esas imprevistas entregas al enemigo. Según este revelador trabajo, “el Estado español de la primera Restauración pactó en 1875 con los últimos jefes carlistas el fin de la guerra a cambio de la garantía de preservar sus grados militares, de ofrecerles compensaciones monetarias” y de no someter su historial “a revisión alguna, ni a causa ni expediente de ninguna clase”.

“En aquella negociación secreta, que sale ahora a la luz pública, participaron tres catalanes, ilustres miembros del partido conservador y alfonsinos…. Este triángulo, por encargo de Cánovas del Castillo, estableció contacto con el jefe carlista Dorregaray para negociar la paz”… una paz que costó, al cambio de hoy, 59.000 euros. Los carlistas que partieron hacia el exilio tenían, pues, razón: no fueron sólo causas militares, sino también la venalidad personal de algunos de sus jefes, las que dieron la puntilla a su lucha por el rey Carlos VII.

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Un secreto de más de 130 años

Daniel Tercero

Ahora nos enteramos que el Gobierno de la Restauración de 1875 pactó con los últimos carlistas la rendición de éstos. Y también hemos sabido ahora, según publicó el pasado domingo un diario catalán, que los últimos líderes ‘rebeldes’ recibieron suculentas cantidades económicas por entregar las armas con las que combatían en la que se considera Tercera Guerra Carlista o Tercera Guerra Civil española del siglo XIX, entre 1872 y 1876.

Una serie de documentos que están a punto de salir a la luz –y que este pasado fin de semana se anunció su incorporación al Archivo Nacional de Cataluña (ANC)- demuestran que el Gobierno español pactó con los líderes carlistas de 1875 el fin de la guerra a cambio de preservar los grados militares, la seguridad de que no se abrirían expedientes disciplinarios a los jefes carlistas y compensaciones monetarias. Antonio Cánovas del Castillo presidía el Gobierno y el general Antonio Dorregaray estaba al frente del ejército carlista de la zona del Maestrazgo (zona centro).

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