Artículos de historia

Nuestro compañero Mikel Totorika Izagirre

MIKEL TOTORIKA IZAGIRRE 1976-2006

 ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAÑERO!

JO TA KE IRABAZI ARTE!

El 10 de enero, cuando hacía una pintada por la Libertad de todos los presos políticos, Mitxel sintió “una cuchillada en el cerebro” según sus propias palabras. 9 días después moría, víctima del tercer derrame cerebral en poco más de una semana.

Su figura no podrá olvidársenos. Fue un luchador comprometido con su Pueblo, con el Pueblo Vasco, y con su clase, los trabajadores de todo el mundo. Y dedicó lo mejor de su vida a combatir por la liberación nacional de Euskadi, por el Socialismo y la Autogestión.

Los que le conocimos más de cerca, sus compañeros de Euskadiko Karlista Alderdia, creemos que puede ser un ejemplo para todos los jóvenes trabajadores vascos. Murió a los 19 años, miles de personas nos congregamos en su funeral, en un testimonio directo del afecto y el  agradecimiento que supo despertar en cuantos le conocieron. Mitxel marcó un camino: el compromiso, el sacrificio y la lucha. Todos lo tenemos abierto, todos debemos seguirlo.

(Publicado en “DENOK BATEAN”, portavoz de E.K.A, AÑO II, NÚM.3, 1 MARZO1976)

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El Partido Carlista. Oposición al Estado franquista y evolución ideológica (1968-1975)

Joaquín Cubero Sánchez

El 20 de diciembre de 1968 Franco expulsó del país a don Carlos de Borbón Parma, días más tarde haría lo mismo con su padre D. Javier y dos de sus hermanas. Los titulares de la dinastía carlista fueron acusados de extranjeros que se habían entrometido en la política española. En 1 936 cuando don Javier de Borbón Parma ordenó a los requetés que se unieran al movimiento militar contra la República nadie lo consideró extranjero. La razón que dio el gobierno al ser interpelado en las Cortes por los cuatro procuradores carlistas fue que don Javier y don Carlos presidieron un acto político en el monasterio de Valvanera en el que «incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público que rozaban facultades potestativas del Poder estatal».

El Carlismo respondió con responsabilidad a este acto dictatorial y denunció la provocación que suponía como una abierta incitación a una escalada de violencia, advirtiendo al gobierno que no confundiera la sensatez y la responsabilidad con la debilidad. Cerrada la vía legal que iniciara unos años antes el carlismo volvió a la ilegalidad. Pero en la oposición siempre estuvo, a pesar de los intentos fallidos de colaboracionismo por algunos de sus miembros que sucesivamente abandonarían el carlismo o serían expulsados del mismo.

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Fueron traicionados

Patxi Ventura

En una cosa, al menos, los carlistas tenían razón
Muy pronto van a ver la luz documentos hasta ahora desconocidos que demuestran cuánto y cómo pagó el gobierno de Cánovas del Castillo a sus jefes militares para acabar con la tercera guerra.

2 de abril de 2006. La primera guerra carlista (1833-1839) concluyó con el abrazo de Vergara entre el general cristino Baldomero Espartero y el general carlista Rafael Maroto. Los carlistas interpretaron este final como una traición de este último, tras una guerra que en algunos momentos, como cuando el general Tomás Zumalacárregui sitió Bilbao, o cuando el general Miguel Gómez cruzó España con su célebre expedición, pudieron llegar a ganar.

Esas traiciones se repitieron después durante la tercera guerra carlista (1872-1876), con el “raro” cambio de actitud del general Ramón Cabrera reconociendo como rey a Alfonso XII, o la “extraña” rendición del general Antonio Dorregaray, al mando de las tropas del centro.

Pues bien, según un artículo de Josep María Sòria en La Vanguardia, muy pronto van a aparecer documentos hasta ahora desconocidos que explicarán cómo y porqué sucedieron algunas de esas imprevistas entregas al enemigo. Según este revelador trabajo, “el Estado español de la primera Restauración pactó en 1875 con los últimos jefes carlistas el fin de la guerra a cambio de la garantía de preservar sus grados militares, de ofrecerles compensaciones monetarias” y de no someter su historial “a revisión alguna, ni a causa ni expediente de ninguna clase”.

“En aquella negociación secreta, que sale ahora a la luz pública, participaron tres catalanes, ilustres miembros del partido conservador y alfonsinos…. Este triángulo, por encargo de Cánovas del Castillo, estableció contacto con el jefe carlista Dorregaray para negociar la paz”… una paz que costó, al cambio de hoy, 59.000 euros. Los carlistas que partieron hacia el exilio tenían, pues, razón: no fueron sólo causas militares, sino también la venalidad personal de algunos de sus jefes, las que dieron la puntilla a su lucha por el rey Carlos VII.

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Un secreto de más de 130 años

Daniel Tercero

Ahora nos enteramos que el Gobierno de la Restauración de 1875 pactó con los últimos carlistas la rendición de éstos. Y también hemos sabido ahora, según publicó el pasado domingo un diario catalán, que los últimos líderes ‘rebeldes’ recibieron suculentas cantidades económicas por entregar las armas con las que combatían en la que se considera Tercera Guerra Carlista o Tercera Guerra Civil española del siglo XIX, entre 1872 y 1876.

Una serie de documentos que están a punto de salir a la luz –y que este pasado fin de semana se anunció su incorporación al Archivo Nacional de Cataluña (ANC)- demuestran que el Gobierno español pactó con los líderes carlistas de 1875 el fin de la guerra a cambio de preservar los grados militares, la seguridad de que no se abrirían expedientes disciplinarios a los jefes carlistas y compensaciones monetarias. Antonio Cánovas del Castillo presidía el Gobierno y el general Antonio Dorregaray estaba al frente del ejército carlista de la zona del Maestrazgo (zona centro).

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“Carlistas con banderas” en Etxarri-Aranatz. Las impresiones del voluntario inglés Frederick Henningsen. (II de II)

Raul Guillermo ROSAS VON RITTERSTEIN

Tras la derrota de los carlistas en Larraga, que les llevó a retirarse a Ziraurki y Mañeru, las fuerzas de Mina de guarnición en Pamplona aprovecharon para acudir en socorro de sus compañeros sitiados en Elizondo en el Baztán. Sabedor de esa intención, Zumalakarregi merced a esos rápidos desplazamientos que le hicieran famoso, se transladó al valle de Ollo mientras Mina ascendía por la cuenca del Ulzama hasta Elizaburu1, sitio a partir del cual el constante hostigamiento sufrido por parte de las tropas de don Carlos le llevaría finalmente, tras los combates en la zona por Illarregi y Larrainzar, a retirarse hacia el Baztán por Legasa y Gaztelu. Las bajas sufridas por los cristinos proveyeron a los carlistas de la oportunidad que necesitaban para poner sitio a Etxarri-Aranatz con la seguridad de tener las espaldas cubiertas por un tiempo con respecto a las salidas de la guarnición de Iruñea y a un posible retorno de los aventurados en el Baztán.

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“Carlistas con banderas” en Etxarri-Aranatz. Las impresiones del voluntario inglés Frederick Henningsen (I de II)

Raul Guillermo ROSAS VON RITTERSTEIN

A mis antepasados de Etxarri, que en sus tiempos cantaron con honor el Oriamendi, y a todos los caídos de ambos bandos por causa de promesas vanas y malentendidos.
“Stand afresh, to cut from nations hearts their pound of flesh!”1

Estos versos de Byron son prácticamente la dedicatoria que hace Henningsen a quienes considera los verdaderos causantes de las guerras europeas de sus tiempos en general y particularmente de aquella en la que participó como voluntario, la Primera Carlista.

La especial personalidad de este testigo participante, nacido en Inglaterra en 1815, cuando el país era conmovido por los ecos de los cañones de Waterloo, le llevó a una larga vida aventurera, terminada como general y héroe nacional de los EEUU, vida de la cual sería dura inauguración2, a la edad de 19 años, la Guerra Carlista de los Siete Años, en la que revistó bajo la conducción del famoso Tomás Zumalakarregi, el “tío Tomás”3. El sin duda profundo desprecio que anidaba en el corazón de Henningsen ante los desarrollos reaccionarios de la Europa post-napoleónica, para describir a los cuales utiliza los duros versos byronianos de “The Age of Bronze”, le llevaría a enrolarse en variadas aventuras, por la libertad y de las otras, en diferentes sitios de Europa primero, luego de América. El carácter arrojado, evidenciado a lo largo de toda su vida, matizado además con muy marcados rasgos de romanticismo, precisamente à la Byron, no en vano tomaría sus versos para encabezar esas memorias de la campaña carlista que tituló “Twelve Months Campaign with Zumalacarregui”4, fue una constante de la vida de Charles Frederick Henningsen.

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1.840. Tras la Primera Guerra:

Raúl Guillermo Rosas von Ritterstein

Las paradojas de la emigración vasca al Río de la Plata.

Quien quiera leer falsedades

y acostumbrarse a mentir;

el que quisiere vivir

de un tejido de maldades

y en religión ser ateo,

vaya hoy a Montevideo

[…]

Quien quiera hablar en francés,

en catalán, vascongado,

todo idioma arrevesado,

y que no sepa quien es,

y hallarse en un entremés

o en un extraño museo,

vaya hoy a Montevideo.”

Estas coplas son las iniciales y finales de una canción bastante más larga, publicada en Buenos Aires durante los primeros días de 1.840 bajo el título “Quien quiera leer falsedades”. Dada la situación política en ambas orillas del Plata por aquellos tiempos, pronto se volvería parte del folklore y es de ese modo que ha llegado hasta nosotros, recopilaciones mediante.

Más allá de la peculiar consideración del autor con respecto a los idiomas que cita -es muy posible por lo demás que en su concepción y dadas las características sintácticas, el “arrevesado” cuadrara específicamente a uno, no es necesario decir cuál-, y de la significatividad de los mismos en su relación con lo que venía sucediendo por ese momento en España y Francia, la descripción de la ciudad capital del Uruguay en aquellos días es bastante sugestiva. Más si tenemos en cuenta que hacia ella se dirigía la emigración carlista.

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