Algunos artículos de “Denok batean” (1977-1978)

Artículos publicados en el boletín Denok batean, portavoz del carlismo vasco, entre diciembre de 1977 y enero de 1978.

¿Pre-autonomía sin Navarra?

La autonomía del País Vasco se encuentra, desde hace semanas, entre las manos de sus parlamentarios. Sus negociaciones con Manuel Clavero Arévalo, ministro “para las relaciones con las regiones” se han mantenido casi en secreto, dando un extraordinario ejemplo de cómo no debe hacerse la política. Prácticamente, en ningún momento se ha podido conocer el verdadero estado de la cuestión.

Sin embargo, la negociación de un régimen pre-autonómico interesa a todo el pueblo vasco. No en balde un régimen de este tipo puede condicionar todo el camino posterior de Euskal Herria hacia el estatuto y el autogobierno. Y si faltaban pruebas, ahí está la batalla desencadenada por las fuerzas conservadoras para tratar de eludir la voluntad popular y desgajar desde el comienzo una parte importante del pueblo vasco.

El problema de Navarra

¿Qué ocurre con Navarra? Ocurrió; en primer lugar, que por obra y gracia de la ley electoral un partido representativo de menos del 30 por ciento de los navarros se hizo con seis de los nueve escaños parlamentarios. Y este partido, casualmente, es la UCD, que ocupa el Gobierno en Madrid. Utilizando hábilmente los medios de comunicación oficiales han desencadenado una campaña mediante la cual trataron de convencer a todos de que representaban la voluntad de la mayoría de los navarros, cosa completamente falsa.

Y han dedicado sus mejores esfuerzos a conseguir que Navarra quede fuera de la Asamblea de Parlamentarios vascos y que no tenga participación alguna en la elaboración del régimen pre-autonómico. Para Aizpún, Del Burgo y los demás representantes de la oligarquía navarra que participan en la UCD, el objetivo es separar, romper,… Presionados por la voluntad popular, ahora aseguran que se someterán a los resultados de un referéndum. Pero, por lo pronto, quieren a toda costa que Navarra no participe en la elaboración del marco autonómico vasco.

Si Navarra trabaja con las otras tres regiones vascas en la elaboración del estatuto de autonomía, podrá conseguir que todas sus peculiaridades queden reflejadas y sean respetadas. La autonomía navarra es posible dentro de la autonomía vasca. No se trata de constituir un mini-estado dependiente de nuevos centralismos, sino de rehacer la organización tradicional de Euskal Herria en las nuevas circunstancias. La tradición foral vasca es una tradición de autonomías y de autogobierno a todos los niveles. Un estatuto de autonomía moderno tiene que reconocer a los ayuntamientos, a las comarcas, a las regiones vascas, la capacidad de administrar con completa independencia todos los asuntos propios, estableciendo también los mecanismos de cooperación que permiten resolver cuestiones comunes entre los niveles y las partes afectadas. En este marco la autonomía navarra no solo no sufre ningún perjuicio enmarcada en la autonomía del conjunto de Euskal Herria, sino que se fortalece y cobra su verdadero sentido.

Esto lo conocen a la perfección los “navarristas” de UCD. Y por ello se empeñan a mantener a Navarra aparte. Quieren conseguir que las otras tres regiones vascas hagan el estatuto por su cuenta, para `presentarlo luego al pueblo navarro. Confían en que podrán engañar mejor a la gente después de haber conseguido que en la elaboración del estatuto no participe Navarra.

¿Para que pre-autonomía?

Vistas así las cosas, es necesario preguntarse para que puede servir un régimen pre-autonómico. No desconocemos qué es mejor, disponer de unas mínimas atribuciones desde ahora mismo. Pero si a cambio de estas atribuciones inmediatas debemos aceptar renuncias importantes y que condicionaran al futuro del pueblo vasco, mejor será dejar la pre-autonomía para un lado.

¿Vamos a repetir el error histórico que dejo fuera a Navarra en alguno de los proyectos de estatuto anteriores? Sería una completa necedad. No tiene sentido el régimen de pre-autonomía si Navarra queda fuera, por qué seria aceptar dinámicas diferentes para Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, por una parte y Navarra por otra. Mientras tanto, los ucedistas maniobran a su gusto, Amadeo Marco saca las pistola de vez en cuando y asegura que “su” Diputación y sólo ella representa a los navarros…

Nuestra conclusión es que no tiene sentido un régimen pre-autonómico si no abarca las cuatro regiones históricas de Euskal Herria sur, es decir Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya. ¿Debe consultarse a los navarros? Naturalmente igual que deben ser consultados los alaveses, los guipuzcoanos y los vizcaínos, porque no se trata de cocer un texto en las cazuelas de los ministerios madrileños, aunque los parlamentarios hagan de pinches de cocina, sino de conseguir una situación de autonomía que satisfaga a una amplia mayoría de la población vasca.

A la hora de redactar estas líneas, se asegura que el régimen de pre-autonomía será ultimado en breves jornadas. Pero no podemos aceptar una situación de hecho en la que se deje “una puerta abierta a Navarra” como si fuera la hija pródiga. Mientras la autonomía de Euskadi no signifique la autonomía de cada una de sus cuatro regiones, y de las cuatro juntas, la lucha por la libertad no habrá hecho más que comenzar. O, dicho de otra manera, si los parlamentarios se pliegan a una pre-autonomía que deja fuera a Navarra, sin ninguna consulta previa, ninguna de las aspiraciones populares se habrá cumplido. Y entonces será preciso luchar por el estatuto, todos a una, y negar el mínimo apoyo a una situación divisionista y falseada. De lo contrario, lo coherente sería apuntarse a todo correr a la UCD, que es quien manda.

Cuarenta años de silencio

El mayor atentado perpetrado contra el FUERO en sus casi mil años de vigencia, ha sido cometido paradójicamente por aquellos que por juramento público se obligaban a “AMEJORARLO Y NO EMPEORARLO”. Lo encerraron con nocturnidad y alevosía en el arca de lo sacrosanto, aislándolo de todo contacto popular por medio de una barrera de ignorancia. Como no se fiaban del saber por aquello de que no ocupa lugar, implantaron, por si acaso, el no saber, que ocupa menos. Convirtieron nuestra Diputación en una fabrica de vasallos anónimos, despersonalizándoles, sin otros horizontes para ejercer la democracia que el calderete de los domingos.

Cuarenta años de administrar consignas de silencio, han desvinculado a la juventud de sus verdaderas raíces históricas, LOS FUEROS, haciendo de algo tan vivo hasta no hace muchas décadas, un crucigrama o jeroglífico para especialistas. Hablarles hoy a los mozos de la Ley Paccionada de 1841 o de una Reintegración Foral formulada desde la acera de la Diputación, sería lo mismo que Von Karajan intentase con la Novena Sinfonía, pongo por caso, conmover a una manada de gamos: Ni están preparados para su comprensión, no quieren bailar al son que les marquen ciertas batutas.

Perdieron el hilo que nos unía a un pasado soberano; a una forma de ser y pensar; a una economía en tantos aspectos comunitaria; a una administración abierta y asamblearía en sus concejos, valles y universidades; a un control directo del poder ejercido por los mismos vecinos; a una democracia de participación directa; en fin, a unas libertades concretas y sin trampas de importación.

Desde que el “diktat” centralista impuso el cabalístico SIETE como administrador de intereses tan contrapuestos como pueden ser la libertad teórica y la cadena practica, aquí, en Navarra, solo ha funcionado la podadera. Cuando la poda suponga merma económica para la oligarquía navarrista, se convocaba una gamazada con pendones y estandartes. Cuando un contrafuero daba una estocada a lo más sagrado, nuestra autonomía, se silenciaba.

Y ahí tenemos a nuestros siete diputados -¡Sálvese quien pueda!-, más solos que un astronauta en Marte, aislados de todo calor popular; enfrascados en el estudio de los informes de sus leguleyos; pidiendo audiencias a sordos y mudos de conveniencia, y sin querer ni poder abandonar un pasado que feneció hace dos años.

¿Para esto callasteis, señores diputados; para que al final os dieran con la Moncloa en vuestras forales narices?

Estatuto de autonomía

(…) Libertad para nuestro pueblo, que debe comenzar HOY con el logro de un Estatuto de Autonomía que nos devuelva la capacidad de autogobierno que nos fue arrebatada. Un Estatuto de Autonomía para las cuatro regiones de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya, que respete la personalidad, peculiaridad e instituciones de cada una de las regiones, garantizando el máximo grado de autonomía para éstas y de éstas para las entidades locales.

La libertad de un pueblo no se consigue con el mero trasplante de las estructuras opresivas de un Estado centralista español a un Estado nacional vasco, puesto que éste, a su nivel, seguirá siendo centralista y opresivo. Es, por tanto, necesario construir una sociedad vasca de abajo a arriba, buscando el máximo acercamiento de los centros de decisión al pueblo para que pueda éste realmente participar en su construcción; dotar a cada una de las comunidades de plena capacidad de autogobierno en los asuntos de su incumbencia, cediendo únicamente a las del nivel superior lo que rebase el marco de esa competencia.

Así, frente a las voces separatistas “navarristas” o “alavesistas”, que pretenden presentar al pueblo disyuntiva de elegir entre la libertad foral de su provincia y la autonomía de Euskalherria, podemos nosotros responder que optamos por las dos, que no renunciamos a nuestro barrio, ni a nuestro pueblo, ni a nuestra provincia o región, sino que buscamos para ellos una libertad real ( que no nos va a conceder la oligarquía caciquil, sino en la medida que convenga a sus intereses y mantenga sus privilegios) pero que tampoco renunciamos a nuestro carácter vasco y por tanto crear a este nivel las instituciones necesarias para resolver entre todos los vascos, sin imposiciones ni absorciones, lo que más convenga a nuestros intereses comunes, a la defensa de nuestra cultura, a nuestro desarrollo humano y económico, a nuestra convivencia y a nuestra defensa contra los que nuevamente pretenden aplastarnos. Como tampoco renunciamos a nuestra posición federalista, a que en nuestra relación solidaria con otros pueblos, sea a nivel del estado español donde se resuelvan los asuntos que por afectar a los distintos pueblos les sean cedidos por éstos como materia de su competencia. (…)

Navarra libre en Euskal Herria libre

En relación con las distintas opiniones publicadas sobre la identidad navarra y la existencia de una comunidad superior, que, como tal, tenga sus propios órganos de gobierno, exponemos a la opinión pública las siguientes consideraciones:

– Fieles a nuestra historia y a nuestros objetivo permanente de estructurar una sociedad de abajo a arriba, en base a potenciar al máximo la participación real del ciudadano (como la del trabajador en su empresa y la del militante en su partido político) y por tanto, a fortalecer las comunidades inferiores, defendemos el derecho de cada comunidad, desde el barrio hasta la nacionalidad, a dotarse del máximo grado de autogobierno. Por ello, no podemos admitir ni el centralismo navarro, ni la separación (sin más vínculos que los puedan unirnos “con las demás regiones vecinas”) de Navarra, parte (aunque diferenciada) de la comunidad vasca con el resto de esta comunidad o pueblo.

– No podemos compartir el objetivo de mantener o crear, según los casos, estructuras estatales en base a una concepción nacionalista de clara raíz burguesa. Toda alternativa política que gire exclusivamente en objetivos de Estado nacional, bien sea español, vasco o navarro, constituye esencialmente una cortina de humo que oculta al pueblo su propia situación alienante, impidiéndole al hombre ser consciente de la realidad opresiva de fondo en que se encuentra, primer paso hacia su posible liberación. Es construir, sobre las mismas bases económicas (capitalistas) y sociales (opresivas), sobre las que se edifican los Estados centralistas, un aparato estatal a menor escala geográfica y humana. La mera introducción de un cierto regionalismo como parece pretender UCD, únicamente implicaría de hecho una descentralización administrativa, demandada por la necesidad de racionalizar minimamente e aparato burocrático, dejando totalmente intacta toda la estructura básica social y económica.

– Navarra debe recuperar en su plenitud todas las libertades que le fueron arrebatadas por el bando liberal (ideología hoy integrada en Navarra en la UCD), tras su primera victoria militar en la Primera Guerra Carlista. Pero esta soberanía, en nuestro criterio, traería aneja la transformación de toda la estructura político-administrativa navarra, al objeto de dotar de las máximas autonomías (de gobierno y económicas) dentro del ámbito de su competencia a Concejos (incluso con su creación en barrios urbanos con personalidad diferenciada), Ayuntamientos y Merindades, con la finalidad de acercar al máximo los centros de decisión al pueblo y convertir estas instituciones en organismo vivos de participación de todos los vecinos en la solución de los problemas de su comunidad.

– De acuerdo con nuestra política autogestionaria y federalista, es, no sólo perfectamente compatible, sino necesaria la autonomía de Navarra, manteniendo su identidad propia y sus instituciones peculiares, con su integración en una comunidad más amplia, como es compatible la comunidad política de la merindad de Estella con su integración en Navarra. Siendo innegables los lazos de todo tipo (históricos, culturales, sociológico, técnicos y económicos) que nos unen al resto de las comunidades vascas, así como la imperiosa de unirse institucionalmente todas las regiones vascas para la defensa de sus libertades y para la eficaz solución de sus problemas comunes, es imprescindible la resolución por instituciones a ese nivel, regidas por representantes en igualdad numérica de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya, de todos los aspectos que afecten a todo el País (culturales –incluida la Universidad vascas-, judiciales –con la creación del Tribunal Supremo vasco-, del orden público, comunicaciones, planificación económica, ecología, etc.), para su debida coordinación en unos casos, para su concreta complementariedad en otros y para la creación y mantenimiento en común de lo que ni tendría sentido ni sería viable hacerlo por separado. Esta mutua cesión de facultades a los órganos de gobierno vascos (como los de las Merindades a los de Navarra), libremente pactada, no puede en forma alguna suponer un contrafuero, como se afirma, sino un acto libre, realizado con pleno derecho por entidades soberanas en uso precisamente de su propia e irrenunciable soberanía, sin que al Estado central le quede otra misión que la del reconocimiento del hecho y sus consecuencias.

– Siendo, como decimos, el Estado español un sujeto pasivo en este terreno, el camino para lograr el objetivo citado puede ser el de elaborar conjuntamente representaciones sociales (políticas, sindicales, culturales y ciudadanas), de las cuatro provincias –para nosotros, regiones- un proyecto de Estatuto de Autonomía, para su refrendo por el pueblo, en el que queden claramente definidas las competencias de los órganos de gobierno confederales vascos y los que se reservan cada una de las regiones., Estatuto que sería presentado por los parlamentarios vascos a las Cortes (éste debe ser el único papel de los parlamentarios como tales), o bien, conseguir primero la reintegración foral a cada región y seguidamente pactar entre ellas las atribuciones de una y otras instituciones.

– No podemos olvidar, ni como vascos, ni como navarros, que una parte del País Vasco y en ella la sexta merindad de Navarra (¿lo recuerdan los “navarristas”?) se encuentra al otro lado de los Pirineos bajo el Estado francés. Es, por tanto, deber permanente de todos trabajar por estrechar los lazos de todo tipo con estos hermanos hasta conseguir un día, la reunificación.

– Somos conscientes de que, aun reconquistadas estas libertades con las posibilidades de participación y, por tanto, de democracia real que encierran, la propia dinámica opresora y alienante del sistema capitalista impedirá la plena liberación de los hombres y de los pueblos, mientras este sistema subsista, por lo que nuestra acción política seguirá al mismo tiempo encaminada hacia el logro de una sociedad socialista autogestionaria, meta de nuestras aspiraciones.

¿Qué Euskadi?

Abordar el problema de Euskal-Herria desde la perspectiva de EKA supone aplicar a un pueblo (integrado por diversas comunidades con mayor o menor homogeneidad) la filosofía política que encierra la autogestión.

Cualquier proyecto liberador de sociedad necesita devolver a los hombres su capacidad de actuar directamente (sin delegaciones de poder) y responsablemente (solidario de los proyectos y decisiones) en todo el entramado de la vida de la comunidad.

Frente a una sociedad de tipo capitalista y un estado centralista como el español, nuestra opción de socialismo autogestionario está igualmente lejos de un nacionalismo clásico fundamentalmente burgués, de un independentismo a ultranza, como el propuesto por ciertos sectores de izquierda y, en cualquier caso de un centralismo vasco, por muy democrático que fuera formalmente.

Nuestra posición política parte de la constatación de que la alineación de los hombres y de los pueblos es global. Cualquier intento de presentar una alternativa a una sola de las facetas de esa alineación, dejando intactas las demás, aparte de ser una solución incompleta, corre el peligro de hipertrofiarse y totalizarse dando orígenes a nuevas formas de opresión.

El nacionalismo básico únicamente hace frente a la situación de opresión de un pueblo por parte de un Estado centralista, creando a partir del concepto de raza o más modernamente del de cultura una teoría política que, aparte de dejar intactas las estructuras socio-económicas, genera de hecho unas nuevas formas de opresión a base de discriminaciones totalmente racistas o a nuevos imperialismos culturales.

Las nuevas formas de nacionalismo, concretamente las sustentadas por determinados sectores de izquierda, aportan una radicalización del proyecto independentista primitivo, con todo lo que ello conlleva actualmente de opresión sobre otros pueblos de España en franco subdesarrollo. Víctimas de un modelo de crecimiento típico de la economía capitalista que ha favorecido indirectamente a nuestro pueblo a base de explotarlos a ellos selectivamente. El nacionalismo de izquierda ha sido además incapaz de superar los rasgos imperialistas del primer nacionalismo. Y viene instrumentalizando las luchas sociales a favor de sus objetivos segregacionistas, valorando por tanto como más fundamental sus proyectos independentistas que los objetivos de clase.

En cualquier caso, sea por el lado de la derecha nacionalista o de sectores de la izquierda, el peligro de un centralismo vasco, fruto de una concepción unitaria y totalitaria de Euskadi, es una amenaza no por paradójica menos real. Ello vendría a significar la aparición, dentro de Euskadi, del mismo tipo de opresión contra la que nuestro pueblo viene luchando siglo y medio.

Para que la institucionalización de Euskal Herria signifique un avance en sentido liberador para el hombre vasco, es necesario que se implique algo más que un simple trasplante a nivel vasco del tipo de democracia formal al que parece que estamos abocados. El futuro Estatuto de autonomía debe configurar un tipo de democracia que propicie la participación directa, activa y responsable del hombre en las decisiones que afectan a la vida de la comunidad. Y desde nuestro punto de vista implica la necesidad de caminar hacia la autogestión. El control popular de las diversas comunidades desde el barrio y el pueblo, hasta la región, favorecerá además cambios cualitativos en el tipo de democracia y potenciará a otros núcleos de poder popular existentes o por crear en las empresas y en todas las esferas de la vida social.

El tipo de democracia de participación a garantizar en el futuro Estatuto de Autonomía dependerá no tanto del poder transferido del estado español al máximo organismo de Euskal Herria, con ser ello importante, sino sobre todo de la configuración de múltiples centros de poder a todos los niveles, empezando por los más básicos hasta llegar al máximo organismo coordinador de todas las regiones de Euskal Herria. Ello implica la necesidad de potenciar la máximo la autonomía y el poder de decisión de las comunidades menores. A este nivel, el hombre siente de modo más concreto los problemas de su comunidad, estando por tanto más fácilmente predispuesto a una intervención activa en su discusión y en la búsqueda de soluciones. Además en ese nivel es posible la participación directa, y cuando se necesita alguna fórmula de una cierta delegación de poder éste es fácilmente controlable.

La proyección exterior de la autonomía se realiza a través de las posibilidades que encierra el federalismo como formula de coordinar y asegurar desde la libertad de cada una de las comunidades la libertad real de todas ellas. Y ello en base, por una parte, a un proyecto solidario de convivencia entre los pueblos, y, por otra, a garantizar la solución de aquellos problemas que desbordan un planteamiento a nivel muy local.

INVERTIR LA PIRÁMIDE DE PODER es pues, nuestra propuesta para la configuración de Euskal Herria. Cuanto más poder tengan nuestros barrios y pueblos, menos atribuciones habrá que dejar en manos de las Comarcas, Merindades y grandes ciudades. Y lo mismo vale para los organismos regionales y al máximo organismo coordinador de Euskal Herria. Esta configuración institucional que puede garantizar un avance hacia la democracia de participación, y en consecuencia, hacia la autogestión, consideramos debe ser un avance cualitativo a conquistar en el Estatuto de Autonomía. De lo contrario, el trasplantar a nuestra tierra la misma pirámide de poder del Estado central burgués podrá dejar satisfechos a los folclóricos y a los nostálgicos de la raza y nuevos imperialismos culturales, pero los problemas básicos, las alineaciones fundamentales del hombre vasco, como las de todos los hombres del mundo, seguirán existiendo. Pidiendo a gritos una vía de posible solución que para EKA es lo que representa su opción autogestionaria.